El capacitismo bajo la lupa

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La discapacidad y el capacitismo forman parte de la vida diaria de todos; sin embargo, ¿sabemos de qué hablamos cuando hablamos de discapacidad? Probablemente, muchas personas piensen en palabras como “deficiencia”, “invalidez” o “anormalidad”. En este post vamos a poner estos términos bajo la lupa.

Un poco de historia

“Deficiencia”, “invalidez” o “anormalidad” son algunos de los términos que ha utilizado el llamado modelo médico en el siglo XX para designar aquellos cuerpos que difieren del “ejemplar típico de la especie humana”. Sin embargo, si en el siglo XVIII, le hubieras preguntado a alguien si se consideraba una persona normal, te habrías llevado una mirada de extrañeza ya que la (a)normalidad no se convirtió en un término habitual hasta mediados del siglo XIX.

En efecto, con la llegada de la revolución industrial, se empezaron a diseñar máquinas y fabricas pensadas para ser usadas por el “ejemplar típico”, la persona “normal”. Y, casi al mismo tiempo, se empezó a moldear a la clase trabajadora desde la escuela, para que se adaptaran a ese modelo único de escuela, de máquina, de fábrica y de ciudad.

Pero ¿cómo es el trabajador ideal de esas fábricas? En pocas palabras, un hombre fuerte físicamente, autónomo, ágil, racional y capaz de reproducirse.

De este modo, entre los años 1830 y 1850, se acuñaron los términos “deficiencia”, “invalidez” o “anormalidad” para clasificar a aquellos individuos que no se adaptaban a las exigencias de aquellas escuelas y fábricas.

Pero ¿acaso existe en la realidad ese trabajador ideal? NO.

Si pensamos por un momento en nuestra vida cotidiana, veremos enseguida que todos somos interdependientes, o ¿acaso cada uno de nosotros caza y cultiva su propia comida? ¡Y esto solo es un ejemplo!

Como decía irónicamente el sociólogo Erving Goffman (1963) en su libro Estigma: la identidad deteriorada, “Según el consenso general, en los Estados Unidos, el único hombre que no tiene que avergonzarse de nada es un joven casado, padre de familia, banco, urbano, norteño, heterosexual, protestante, que recibió educación superior, tiene un buen empleo, aspecto, peso y altura adecuados y un reciente triunfo en los deportes”.

Lo cierto es, que desde que somos pequeños, esta idea inspira muchas de nuestras percepciones sobre lo que consideramos un ser humano completo y normal. Esto es invisibilizar y atacar la diversidad y, por supuesto, capacitismo.

Capacitismo

El término capacitismo (ableism) se refiere a las actitudes o discursos que devalúan la discapacidad, frente a la valoración positiva de la integridad corporal (able-bodiedness), la cual se equipara con una supuesta condición esencial humana de normalidad.

Es el conjunto de creencias que nos llevan a actuar como si el individuo autosuficiente ideal fuera el único plenamente humano, de forma que aquellos que se desvíen de dicho ideal son considerados infrahumanos o deficientes.

Muchos de nosotros intentamos aproximarnos al máximo a la autosuficiencia que nos manda el ideal y algunos médicos están tan concentrados en devolver a las personas a la “normalidad” que olvidan recomendar el uso de productos de apoyo a la autonomía o, incluso, los desaconsejan por considerarlos comodidades.

Así pues, ¿qué podemos hacer para empezar a alejarnos de estas actitudes capacitistas? Podemos empezar con un acto tan simple como normalizar las ayudas a la autonomía. Con este gesto, estaremos reivindicando la diversidad y mandando el mensaje de que aquello que nos hace humanos no es la autosuficiencia sino, precisamente la necesidad de apoyarse en algo que va más allá de uno mismo.

Próximamente, ahondaremos más sobre las consecuencias que tiene sobre nuestras vidas ver el mundo a través de unos cristales capacitistas y qué podemos hacer para revisarnos a nosotros mismos y romperlos. ¡No os lo perdáis!

@Laura Sanmiquel

 

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