Empleo y discapacidad

Empleo

El acceso al mundo laboral no es sencillo para nadie y, sin embargo, el empleo es una necesidad básica para prácticamente todo el mundo. Esta aparente paradoja se da de igual forma en las personas con alguna discapacidad, incluso de forma más acusada por esta condición o por razones colaterales a la misma, tales como los prejuicios por parte del empleador o por falta de información sobre sobre el colectivo.

Una vez llega el momento de salir al mercado laboral, con la realización más o menos en mente y el imperativo económico claramente fijado en nuestra voluntad, nadie está completamente preparado. Los empleos de calidad, en los que la relación entre el esfuerzo y el salario son aceptables, suelen tener un acceso más difícil; asimismo la automatización de tareas más sencillas impide el acceso a puestos de carácter más técnico, para los que cualquiera –a priori– estaría preparado una vez entendiera la dinámica del mismo.

Sin embargo, por suerte la oferta y la demanda de empleo en la sociedad no se rige únicamente por cifras y conceptos fríos tales como la productividad, el ahorro o la cuenta de resultados. Si bien el objetivo final de una empresa suele ser ganar la mayor cantidad de dinero gastando lo menos posible en el proceso, el entramado social y la presencia estatal vela por los trabajadores, a veces aprovechándose de esa voluntad meramente económica del sector privado, otras ofreciendo servicios públicos con fines bien distintos y, por último, fomentando una suerte de humanismo que cala en muchas pequeñas y medianas empresas, y en alguna grande también.

De esta forma, podemos decir que ser una empresa «ética» está de moda, y esta condición pasa, entre otras cosas, por cuidar más de los trabajadores y por aportar más valor que el ya mencionado. Y quizá gracias a esto, existe un espacio cada vez más amplio en el que las personas con discapacidad pueden aportar su valor, producir, realizarse y responder a su necesidad monetaria, condición que, de forma clara, a todos nos iguala. Hagamos un breve acercamiento a esas opciones:

  • En primer lugar, la condición de persona con discapacidad debe estar reflejada sobre el papel, solo así se aplicarán sobre nosotros condiciones específicas para el colectivo. Actualmente, la ley contempla cinco grados de reconocimiento de la discapacidad según la “gravedad” de la misma (obteniendo cinco rangos o clases). Para poder beneficiarnos de ciertas ventajas o bonificaciones deberemos tener un grado igual o superior al 33% de discapacidad.
  • Las empresas con más de 50 trabajadores han de reservar un mínimo del 2% de la plantilla a personas con algún tipo de discapacidad.
  • Asimismo, en las ofertas de empleo público, se reservará un cupo del 7% para ser cubierto por personas con discapacidad.
  • Otra opción son los centros especiales de empleo cuyo objetivo principal es el de realizar una actividad productiva de bienes o de servicios, participando regularmente en las operaciones del mercado, y tienen como finalidad el asegurar un empleo remunerado para las personas con discapacidad. En su plantilla deberán tener un 70% de personas con discapacidad y cuentan con compensaciones económicas que incentivan su creación.
  • Los enclaves laborales. Se entiende por enclave laboral el contrato entre una empresa del mercado ordinario de trabajo y un centro especial de empleo. Así, una empresa podrá contar con trabajadores del centro especial de empleo de forma temporal y según lo estipule dicho contrato.
  • Por supuesto, también existe la posibilidad de trabajar como autónomo.

A grandes rasgos, este sería un primer acercamiento a las opciones reflejadas en el BOE. Todas ellas están suscritas a un marco de bonificaciones y ayudas tanto para las empresas como para los particulares que fomenta la inclusión de las personas con discapacidad. Ahora bien, para aquellos que conocemos la discapacidad más de cerca, sabemos que cada persona tiene sus virtudes, sus defectos y sus limitaciones y que bajo la etiqueta “discapacitado” se sitúa un colectivo muy diverso cuyas opciones reales e intereses pueden ser muy diferentes. De momento, queda patente que la ley busca subsanar la situación de desigualdad –para ciertas dimensiones de la vida– y trata de allanar el camino, lo cual es una cuestión de suma importancia, pero no la respuesta definitiva a esa pregunta que tratamos de responder: ¿a qué me puedo dedicar? ¿De qué voy a vivir?

Cada caso particular requiere una atención particular y, gracias a personas conscientes de esta verdad, surgen fundaciones y proyectos dedicados a la formación y orientación profesional individualizada, que tiene como fin la capacitación de cada uno de los solicitantes. Bajo la perspectiva de que todos somos válidos para algo y que la ley cuida de que contemos con las mismas oportunidades, ahora es cuestión de dar con el empleo adecuado, pasando de la teoría a la práctica.

Con el fin de orientar, en futuros artículos hablaremos de distintas iniciativas y fundaciones que buscan ser un puente entre empleadores y futuros empleados. Dedicaremos también otro artículo a las subvenciones que el Estado proporciona a los beneficiados de la ley de dependencia.

Espero que el presente haya resultado de cierta utilidad y ya sabes, no dudes en comentar preguntando tus dudas o compartiendo tu propia experiencia.

@Javier Juste

 

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